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Posteado a las 18 de Mayo de 2012 - 12:48 2 comentarios
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El arquitecto Cristián Boza, ex decano de Arquitectura de la Universidad San Sebastián, contó en una entrevista que se pegó “dos recorridos por Asia y Europa nada más que para configurar un programa de arquitectura top para su Universidad”. Boza omite que el viajecito debe haber sido financiado  por la Universidad y que de paso tuvo sus vacaciones o tendió puentes con oficinas de arquitectura para futuros trabajos particulares, todo esto financiado con las matrículas de sus alumnos.

¿Quién es Boza? Un arquitecto que ha impulsado proyectos estrafalarios como el “Mapocho navegable” y una escultura gigante del Papa Juan Pablo II, y otros bastante más aterrizados como el edificio de la Universidad San Sebastián en Bellavista con Pío Nono. Esta gigantesca mole que rompe el equilibro del barrio es la fachada de un suculento negocio. Como se supone que las universidades son instituciones sin fines de lucro, las ganancias provienen en buena parte del negocio inmobiliario: construyen gigantescos inmuebles que arriendan a precios siderales a sus universidades.

Es así, como junto a la universidad San Sebastián, levantaron dos edificios de apartamentos con cuyas ganancias recuperarán el gasto de haber construido la universidad de la que, además, lucran. Los edificios se hacen sombra el uno al otro y el de la universidad oscurece al primer edificio. Durante su construcción no parecían departamentos sino nichos donde las personas se embutían por la noche y salían por la mañana, por supuesto, con las cortinas cerradas. A la falta de privacidad, de luz y de calor, se agrega una correntada capaz de arrastrar a un niño por los aires. Es imposible que el señor Boza ignore lo que esconde el proyecto de construir allí la universidad; como todo arquitecto conoce las reglas y sabe que la construcción de la universidad es una maniobra para conseguir que la Municipalidad otorgue el permiso para levantar dos edificios de gran altura en una zona en la que debieran estar prohibidos, pero él prefirió callar y hacer el viajecito por Europa y Asia.

            Boza no es el único arquitecto chileno cómplice en los negociados de las inmobiliarias, pero a él se le soltó la lengua. En la misma entrevista reconoció que se había equivocado con los dos viajecitos por Europa y Asia porque “no consideré el segmento y el perfil que va a esta universidad; no tiene cultura, no tiene sofisticación, y con mucho respeto lo digo, porque los adoro y nos hemos hecho muy amigos…. Son primera generación en la universidad, son por ejemplo hijos de un camionero, de gente vulnerable. Me equivoqué en plantear un esquema muy sofisticado”.

            Los gerentes que lo contrataron, porque su nombre atraería alumnos, lo despidieron. No porque estén en desacuerdo con sus opiniones, puede que incluso piensen igual, pero para ellos la universidad es un negocio, como la venta de los departamentos contiguos, y los dichos de Boza generarán una baja en la matrícula arruinando el negocio que la imagen de Boza les ayudó a levantar.

         El ex Decano, consternado, pidió disculpas: “No he pretendido nunca denostar a estudiantes y familias que han hecho de la educación su mayor herramienta de cambio”, pero también aclaró “que la torpeza de su expresión no puede ocultar el fondo del problema: La crisis de la educación es un drama presente en todos los sectores y que se evidencia en la fragilidad de las bases de conocimiento de los estudiantes que ingresan a la educación superior”.

           Boza se equivoca al creer que la crisis de la educación es un problema de clase social. Quienes hemos impartido clases en una universidad del ABC1 sabemos que la falta de conocimientos, curiosidad, perspectivas, razonamiento, es igual a la de una universidad como la San Sebastián. La diferencia es que los ABC1 no cuestionan las notas de mentira que ponen los profesores acicateados por las autoridades que impiden reprobar alumnos, no solo en la universidad, también en los colegios particulares, los profesores temen reprobar hijos de padres influyentes. Y esto es así desde finales del 1800, cuando el primer rector de la Universidad Católica se quejaba de que los niños ricos de colegios particulares católicos no daban pie en bola en la universidad.

         Boza acierta cuando dice que “la misma liviandad imperante, es la que impide profundizar el debate”. La crisis de la educación está presente en los hijos de los ricos y en los hijos (as) de los camioneros que van por primera vez a la universidad; está en una sociedad que aceptó que la educación fuera un negocio tan lucrativo como el inmobiliario y que se maneja con los mismos parámetros; la crisis tiene su origen en los empresarios, las autoridades, los profesores, padres y madres, alumnos y alumnas que prefieren cerrar los ojos y participar del festín, ya sea agarrando un viajecito o apenas un cartílago, con la falsa idea de que es mejor que nada.

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